Palabras olvidadas: Un viaje nostálgico al español de ayer.

¡Hola querido lector! Hoy quiero platicarte de algo que se me ocurrió mientras veía una película viejita. ¿Te ha pasado que escuchas una palabra y dices, ¡Vaya, hace años que no oigo eso!? Pues resulta que nuestro querido español tiene un montón de palabras que solíamos usar y que ahora están guardadas en el baúl de los recuerdos. Así que, siéntate cómodo, agarra tu café o tu tecito, y vamos a viajar juntos al pasado con estas palabras relegadas al olvido.

Palabras olvidadas: Un viaje nostálgico al español de ayer.

¿Alguna vez te has topado con una palabra que te transporta a tiempos pasados, evocando sensaciones y emociones casi olvidadas? El español, como cualquier idioma vivo, está lleno de palabras que alguna vez fueron parte de nuestro vocabulario cotidiano y que con el tiempo han quedado en el olvido. Estas joyas lingüísticas, con sus sonidos y significados únicos, merecen ser rescatadas del baúl de los recuerdos. Acompáñame en este viaje por las palabras olvidadas del español latino de México, donde exploraremos no solo su significado, sino también su origen y su encanto perdurable en nuestra lengua.

Desde expresiones que pintaban el mundo con colores vivos hasta términos que describían sentimientos profundos y situaciones cotidianas, estas palabras no solo enriquecen nuestro lenguaje, sino que también nos conectan con nuestra historia cultural y literaria. Descubramos juntos cómo estas pequeñas gemas lingüísticas pueden revivir nuestras conversaciones y escritos, aportando una riqueza y profundidad que a menudo se pierde en la rutina del lenguaje contemporáneo.

Rescatemos nuestro idioma.

Empezamos con una joya: "cuitas". ¿Te acuerdas de la última vez que alguien te dijo que tenía "cuitas"? Yo tampoco. Esta palabra tan bonita se usaba para hablar de preocupaciones o penas. Imagínate a tu abuelita diciendo: "Hijo, no te preocupes por mis cuitas". Suena hasta más bonito, ¿no? Es como si de repente nuestras preocupaciones tuvieran un toque poético y menos pesado. La palabra viene del latín "cogitare", que significa pensar, y de ahí derivó en "cogitare de", es decir, preocuparse por algo. ¡Una maravilla!

Y hablando de objetos viejos, ¿qué tal los "cachivaches"? Esta palabra se usaba para describir esos objetos viejos, inútiles o en desuso que uno guarda por alguna razón inexplicable. "Tengo el sótano lleno de cachivaches". Esos objetos que guardamos por si acaso, aunque sabemos que nunca los usaremos. Es como ese cajón en la cocina lleno de cosas que ni recordamos por qué están ahí. ¿Sabías que "cachivache" viene del vasco "katxi" que significa vasija y "batzar" que significa juntar? O sea, juntar vasijas. ¡Curioso, ¿no?!

Ah, y los "perendengues". Esta palabra se refería a adornos o accesorios innecesarios. "Ese vestido tiene demasiados perendengues". Esos detallitos que no aportan nada práctico, pero que a veces agregan un toque especial... o simplemente hacen que algo se vea demasiado recargado. Su origen es un poco incierto, pero se cree que podría venir del latín "pendere", que significa colgar, porque son cosas que cuelgan sin mucha función.

"Zozobra" es otra palabra que me encanta. Esa sensación de inquietud o ansiedad que todos conocemos. "El examen de mañana me tiene en una zozobra terrible". Hasta es poético, ¿verdad? A veces recordar estas palabras para expresar mejor nuestros sentimientos nos genera un sentimiento agradable. La próxima vez que sientas ese nudo en el estómago, piensa en "zozobra". No solo es más elegante, sino que también les da un aire literario a nuestras preocupaciones. La palabra viene del latín "subcumbere", que significa hundirse o sucumbir. ¡Tiene sentido, ¿verdad?!

¿Te imaginas a alguien diciendo: "¡Qué alborozo!"? "Alborozo" significa alegría o júbilo. "La noticia de su llegada llenó a todos de alborozo". Es una palabra que transmite una felicidad genuina y contagiosa. Es como cuando de niño recibías el juguete que tanto querías en Navidad y no podías contener la emoción. Ese es el alborozo en su máxima expresión. Esta palabra tiene sus raíces en el árabe "al-burūz", que significa manifestación o aparición, refiriéndose a la aparición de la alegría.

Un "embeleco" es algo que distrae o engaña. "Deja de meterte en embelecos y concéntrate en lo importante". Es una palabra que bien podríamos usar hoy en día, ¿no crees? En un mundo lleno de distracciones, es fácil caer en embelecos que nos alejan de lo que realmente importa. Así que, ojo con esos embelecos que te roban tiempo y energía. Su origen es del griego "embolikos", que significa engañoso. ¡Vaya!

Aunque "peregrino" aún se usa para describir a alguien que va en un viaje espiritual, antes también se usaba para algo raro o extraño. "Tu teoría suena un poco peregrina, pero interesante". Una palabra con doble uso, ¡qué genial! Nos recuerda que no todo lo extraño es malo; a veces, las ideas peregrinas pueden ser las más innovadoras y sorprendentes. Viene del latín "peregrinus", que significa extranjero. De ahí que algo peregrino sea algo fuera de lo común o extranjero a nuestras costumbres.

Y hablando de gente que no hace nada útil, ¿qué tal un "zascandil"? Un zascandil es una persona que anda de aquí para allá sin hacer nada de provecho. "Deja de ser un zascandil y ponte a trabajar". Esta palabra es perfecta para esos días en los que andamos como locos sin lograr mucho. Todos tenemos un amigo que parece ser el rey de los zascandiles, ¿verdad? Ese que siempre está ocupado, pero nunca parece avanzar en nada concreto. La palabra viene del árabe hispánico "sakkāndil", que se refería a una lámpara de aceite, quizá porque estos personajes brillaban poco en utilidad.

¿Te suena "trapisonda"? Una trapisonda es un lío o altercado. "La fiesta terminó en una trapisonda terrible". Suena más divertido decirlo así, ¿no? Nos evoca imágenes de caos, ruido y gente corriendo por todos lados. La próxima vez que te encuentres en medio de un desorden, recuerda que estás en una auténtica trapisonda. Su origen es incierto, pero se cree que podría venir del gallego "trape", que significa trampa.

¿Y qué tal "melifluo"? Describe algo que es excesivamente dulce o delicado, casi empalagoso. "Su discurso fue tan melifluo que casi me duermo". Es una palabra perfecta para esos momentos en los que algo es demasiado cursi. Piensa en una película romántica que exagera tanto los sentimientos que llega a ser irreal; eso es melifluo. La palabra viene del latín "mel", que significa miel, y "fluere", que significa fluir. Así que algo melifluo es literalmente algo que fluye como la miel.

Ahora, si algo es infernal o muy malo, decimos que es un "tártaro". "Ese lugar es un verdadero tártaro". Es una palabra que le da un toque dramático a nuestras quejas. En lugar de decir que un lugar es simplemente horrible, llamarlo tártaro lo eleva a un nivel casi mítico de maldad. Viene del latín "Tartarus", que era el infierno de la mitología griega.

Y las "catervas" eran esos grupos de personas desordenadas o una multitud. "Llegó una caterva de niños al parque". Una palabra que transmite perfectamente el caos. Es ideal para esos momentos en los que una multitud desordenada hace su aparición, causando un pequeño caos donde quiera que vayan. La palabra viene del latín "caterva", que significa multitud.

Algo "rocambolesco" es extravagante o increíblemente complicado. "La historia de cómo llegaron hasta aquí es rocambolesca". Es una palabra que añade un toque de aventura y misterio a cualquier relato. Perfecta para esas historias que parecen sacadas de una novela. El término viene del personaje Rocambole, un héroe de novela folletinesca del siglo XIX, famoso por sus aventuras extraordinarias.

Si algo está muy seco o arrugado, como un pergamino, decimos que está "apergaminado". "Sus manos estaban apergaminadas por el paso del tiempo". Es una palabra que evoca imágenes de antigüedad y desgaste, ideal para descripciones detalladas. Viene del latín "pergamina", refiriéndose al pergamino, un material usado para escribir antes del papel.

¿Alguna vez has escuchado una voz "estentórea"? Se refiere a una voz muy fuerte y resonante. "Su voz estentórea se escuchaba en toda la plaza". Una palabra que casi puedes escuchar cuando la lees. Perfecta para describir a esas personas cuya voz domina cualquier espacio. La palabra viene del personaje Estentor, un heraldo de voz potente de la mitología griega.

La "crisálida" es el estado de la oruga antes de convertirse en mariposa. "Está en una crisálida de transformación personal". Es una palabra que simboliza cambio y crecimiento, perfecta para esos momentos de introspección y desarrollo. Viene del griego "chrysallis", que significa dorado, porque algunas crisálidas tienen un color dorado.

El "arrebol" es el color rojo de las nubes iluminadas por el sol. "El arrebol del atardecer era simplemente hermoso". Una palabra poética que merece ser usada más. Nos invita a apreciar esos pequeños momentos de belleza natural. Viene del latín "arrubescere", que significa ponerse rojo.

Si alguna vez has gritado o cantado con todas tus fuerzas, te has "desgañitado". "Se desgañitaba en cada partido de fútbol". Es una palabra que transmite pasión y esfuerzo. Perfecta para esos momentos de intensa emoción. Viene del latín "de" (des-) y "guttur", que significa garganta.

Una "égloga" es una composición poética que idealiza la vida en el campo. "La égloga que escribió el poeta nos transportó a un lugar de ensueño". Una palabra que evoca imágenes bucólicas y serenas. Ideal para esos momentos de paz y contemplación. Viene del griego "eklogḗ", que significa selección o elección.

"Atosigar" significa agobiar o presionar a alguien. "Me atosigas con tantas preguntas". Es una palabra que describe perfectamente esa sensación de estar abrumado por la insistencia de alguien. Úsala la próxima vez que necesites expresar que alguien te está presionando demasiado. Viene del árabe "tawassuqa", que significa perseguir o acosar.

El encanto de lo olvidado.

En este recorrido por las palabras olvidadas del español latino de México, hemos redescubierto no solo términos curiosos y evocadores, sino también una conexión con nuestro pasado lingüístico y cultural. Cada una de estas palabras, desde "cuitas" hasta "atosigar", nos ofrece una ventana al mundo y a las emociones humanas de épocas pasadas. Es un recordatorio de que nuestro idioma es un tesoro vivo que sigue evolucionando, pero que también conserva tesoros ocultos esperando ser redescubiertos.

Así que la próxima vez que te encuentres en la búsqueda de una expresión que capte exactamente lo que quieres decir, considera rescatar una de estas palabras olvidadas. No solo añadirás un toque de nostalgia y originalidad a tu discurso, sino que también contribuirás a preservar una parte valiosa de nuestra identidad lingüística. Hagamos de estas palabras olvidadas un puente entre nuestro pasado y nuestro presente, celebrando la riqueza y la diversidad de nuestro amado idioma.

Y ahora, ¿cuál es tu palabra olvidada favorita?

Francisco Barcala

Actor. Director. Escritor. Acting Coach.



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