Materia programable: Materiales que cambian forma a voluntad
Imagina una silla que se endurece
cuando te sientas y se vuelve blanda cuando te recuestas. O una chaqueta que se
hace más gruesa cuando baja la temperatura y más delgada cuando hace calor, sin
que tengas que hacer nada. Suena a ciencia ficción, pero ya está pasando. Los
materiales programables, esos que pueden cambiar su forma, dureza o estructura
según lo que necesites, han dejado de ser fantasías de laboratorio para
convertirse en tecnologías reales.
En 2025, estamos viendo las
primeras aplicaciones prácticas de décadas de investigación en ciencia de
materiales. Prótesis que se adaptan al movimiento de quien las usa. Edificios
con fachadas que se reconfiguran según el clima. Ropa que regula tu temperatura
corporal automáticamente. Metales que se autorreparan cuando se fracturan. No
estamos hablando de prototipos universitarios guardados en cajones, sino de
productos que ya están entrando al mercado.
La materia programable representa
un cambio fundamental en cómo pensamos sobre los objetos. Durante toda la
historia humana, los materiales han sido estáticos. Una silla es dura, punto.
Una chaqueta tiene el grosor que tiene. Un puente de acero mantiene su forma
sin importar el clima. Pero ahora estamos creando materiales que responden, que
se adaptan, que evolucionan según las circunstancias. Es como darle a los
objetos inertes un toque de vida.
Los fundamentos: Qué hace que
un material sea "programable"
Antes de entrar en aplicaciones
específicas, vale la pena entender qué significa exactamente que un material
sea programable. No es magia ni nanotecnología futurista incomprensible. Son
principios de física y química aplicados de manera inteligente.
Un material programable es
básicamente uno que puede cambiar sus propiedades, estructura o forma en
respuesta a un estímulo externo. Ese estímulo puede ser temperatura, luz,
campos magnéticos, electricidad, presión, pH, humedad o incluso señales
químicas específicas. La clave está en diseñar la estructura molecular del
material para que responda de manera predecible y reversible a ese estímulo.
Tomemos los polímeros con memoria
de forma, uno de los tipos más desarrollados. Estos plásticos especiales pueden
deformarse temporalmente y luego "recordar" su forma original cuando
se calientan. Funciona así: el polímero tiene dos componentes estructurales.
Uno forma la estructura permanente, como el esqueleto. El otro actúa como
interruptores moleculares que pueden fijarse en posiciones temporales cuando el
material está frío. Cuando calientas el material, esos interruptores se liberan
y el polímero vuelve a su forma memorizada.
Esto se usa ya en suturas
quirúrgicas. El cirujano inserta una sutura recta y fría en el cuerpo. Al
contacto con el calor corporal, la sutura se enrolla y se tensa, asegurando la
herida automáticamente. No necesitas hacer nudos complicados. El material hace
el trabajo.
Otro tipo son los materiales
magnetorreológicos. Contienen partículas microscópicas de hierro suspendidas en
aceite. Normalmente el fluido es líquido. Pero cuando aplicas un campo
magnético, las partículas se alinean formando cadenas y el fluido se vuelve
casi sólido en milisegundos. Quita el campo magnético y vuelve a ser líquido.
Este efecto se usa en amortiguadores de automóviles de alta gama que pueden
ajustar su rigidez instantáneamente según las condiciones del camino.
Los hidrogeles inteligentes
cambian de volumen dramáticamente en respuesta a temperatura, pH o
concentración de ciertas moléculas. Un hidrogel puede hincharse hasta 100 veces
su tamaño seco cuando absorbe agua, o colapsar completamente cuando el ambiente
cambia. Esto tiene aplicaciones increíbles en liberación controlada de
medicamentos. Puedes diseñar un hidrogel que se hinche y libere su carga de
fármaco solo cuando detecta cierto nivel de glucosa en sangre, por ejemplo.
Y luego están las aleaciones con
memoria de forma, probablemente las más conocidas. El nitinol, una aleación de
níquel y titanio, puede doblarse completamente y volver a su forma original
cuando se calienta. Se usa en stents cardiovasculares que se insertan
comprimidos a través de arterias y se expanden al contacto con el calor
corporal.
Metales que se autorreparan:
Ciencia ficción hecha realidad
Una de las aplicaciones más
fascinantes de los materiales programables son los metales autorreparables.
Suena imposible. Un metal se fractura, se agrieta, y simplemente se arregla
solo. Pero varios laboratorios han logrado versiones funcionales de esto.
El enfoque más prometedor usa
materiales con memoria de forma a nivel microestructural. Investigadores del
Laboratorio Ames del Departamento de Energía de Estados Unidos crearon una
aleación de níquel-titanio que puede cerrar grietas por sí misma. Cuando el
metal se fractura, se genera calor local por la fricción y deformación. Ese
calor activa la memoria de forma del material, que literalmente jala los bordes
de la grieta de vuelta juntos.
En pruebas, esta aleación pudo
cerrar grietas de hasta 3 milímetros de ancho. No es una reparación perfecta a
nivel atómico, pero es suficiente para restaurar gran parte de la resistencia
estructural del material. Para infraestructura crítica como puentes o tuberías
en plantas nucleares, donde inspeccionar cada centímetro buscar grietas es
costosísimo, esto es revolucionario.
Otro enfoque usa cápsulas
microscópicas de agente reparador embebidas en el material. Cuando se forma una
grieta, rompe las cápsulas y libera el agente, que es básicamente un pegamento
químico que polimeriza y sella la fractura. Es como tener millones de pequeños
vendajes líquidos distribuidos por todo el material, esperando a que los
necesites.
Investigadores de la Universidad
de Illinois desarrollaron un polímero autoreparable que puede restaurar hasta
el 90% de su resistencia original después de fracturarse. Lo lograron diseñando
moléculas con "brazos" que pueden reconectarse cuando entran en
contacto. Si el material se rompe y luego las superficies fracturadas se
presionan juntas, esos brazos moleculares se encuentran y se vuelven a enlazar.
El problema con todos estos
sistemas es que funcionan una vez, o como mucho unas pocas veces. No son
regeneración infinita. Eventualmente agotas las cápsulas de agente reparador, o
las estructuras moleculares se degradan tanto que no pueden reconectarse más.
Pero incluso una o dos autoreparaciones pueden extender dramáticamente la vida
útil de componentes críticos.
Las aplicaciones van mucho más
allá de infraestructura. Piensa en electrónicos que pueden reparar circuitos
dañados. En recubrimientos de aviones que sellan pequeños impactos
automáticamente. En implantes médicos que no fallan catastróficamente si se agrietan,
sino que se reparan hasta que puedan ser reemplazados quirúrgicamente. Estamos
apenas comenzando a explorar las posibilidades.
Plásticos de dureza variable:
Un material, mil aplicaciones
Los polímeros programables que
pueden cambiar su rigidez son particularmente versátiles. Imagina un solo
material que puede ser suave como goma o duro como madera según lo necesites.
Eso abre posibilidades de diseño completamente nuevas.
Investigadores del MIT
desarrollaron un material que llaman "morfología programable". Es un
polímero que contiene dos tipos de enlaces moleculares: permanentes y
reversibles. Los enlaces permanentes forman el esqueleto básico. Los
reversibles pueden romperse y reformarse cuando calientas el material por
encima de cierta temperatura.
En estado frío, el material es
rígido porque todos los enlaces están activos. Cuando lo calientas, los enlaces
reversibles se rompen y el material se vuelve flexible. Puedes doblarlo, darle
nueva forma. Después lo enfrías y los enlaces se reforman, fijando la nueva
configuración. El material vuelve a ser rígido, pero ahora en la nueva forma.
Esto tiene aplicaciones obvias en
robótica. Puedes crear un robot con un solo tipo de material que funcione como
esqueleto rígido en algunas partes y como articulaciones flexibles en otras. Y
lo mejor: puedes reprogramar qué partes son rígidas y cuáles flexibles según la
tarea. Un robot que necesita ser fuerte para levantar peso puede reconfigurar
su estructura para maximizar rigidez. El mismo robot después puede volverse
flexible para navegar espacios estrechos.
En medicina, esto permite crear
prótesis adaptativas. Una prótesis de pierna tradicional tiene rigidez fija,
optimizada para caminar normal. Pero caminar normal es diferente a correr, a
subir escaleras, a agacharte. Una prótesis con rigidez programable puede
ajustarse automáticamente según la actividad. Ya hay prototipos clínicos de
esto. Sensores detectan el patrón de movimiento y el material ajusta su dureza
en milisegundos.
La ropa también se beneficia.
Chaquetas que son rígidas para protección contra impactos cuando andas en
bicicleta, pero suaves y cómodas cuando te sientas en un café. Zapatos que se
endurecen en la suela para soporte cuando caminas, pero se ablandan cuando
estás parado mucho tiempo para reducir fatiga. Colchones que ajustan su firmeza
según la posición en que duermes.
Una startup llamada HyperWear ya
está vendiendo pesas ajustables que usan polímeros de rigidez variable. Parece
una pesa normal, pero puedes cambiar su dureza con un controlador. Pesa 2 kilos
cuando está blanda, pero se siente como 10 kilos cuando está dura, por la
resistencia adicional que ofrece. Es raro, pero funciona.
Arquitectura adaptativa:
Edificios que responden al entorno
La arquitectura es donde los
materiales programables pueden tener impacto más visible y dramático. En lugar
de edificios estáticos que luchan contra el clima, imagina estructuras que
colaboran con el ambiente, adaptándose dinámicamente.
El Instituto de Arquitectura
Avanzada de Cataluña construyó un pabellón prototipo cuya fachada usa
hidrogeles que responden a humedad. Los paneles son planos cuando está seco,
pero se curvan y abren ventilación cuando detectan humedad alta. No hay motores,
sensores electrónicos ni baterías. Es respuesta puramente material. El edificio
literalmente respira según las condiciones.
Investigadores de la Universidad
de Stuttgart desarrollaron un sistema de sombreado que usa polímeros con
memoria de forma. Los paneles son planos en temperaturas frías, permitiendo que
entre luz solar para calefacción pasiva. Cuando sube la temperatura, los
paneles se curvan automáticamente para crear sombra. De nuevo, sin
electricidad, sin controles complejos. El material hace todo el trabajo.
Estos son prototipos pequeños,
pero arquitectos están diseñando edificios completos con estos principios. El
desafío no es técnico tanto como regulatorio y económico. Los códigos de
construcción están escritos para materiales estáticos y predecibles. Un material
que cambia sus propiedades es difícil de certificar. ¿Qué pasa si falla en la
configuración equivocada? ¿Cómo validas que seguirá funcionando después de
50,000 ciclos de transformación?
Y luego está el costo. Los
materiales programables avanzados son caros. Mucho más caros que concreto,
acero y vidrio convencionales. Para que se adopten ampliamente, necesitan
demostrar ahorros significativos en energía o mantenimiento que justifiquen la
inversión inicial.
Pero algunos proyectos piloto ya
están operando. En Abu Dhabi, el nuevo Museo Nacional usa una fachada con
paneles que ajustan su ángulo según la posición del sol. No usan materiales
programables puros, sino motores convencionales, pero representa el tipo de
edificio que eventualmente se hará con materiales inteligentes que no necesiten
energía externa.
El verdadero potencial está en
combinar materiales programables con diseño computacional. Puedes modelar cómo
se comportará un edificio bajo diferentes condiciones climáticas, optimizar
exactamente qué partes necesitan ser adaptativas y cuáles pueden ser estáticas,
diseñar las propiedades del material para responder justo como necesitas. Es
arquitectura 4D: diseñando no solo forma sino cambio de forma a través del
tiempo.
Medicina personalizada:
Implantes y dispositivos que evolucionan
La medicina es probablemente
donde los materiales programables tendrán impacto más inmediato y profundo en
la vida de personas. Los implantes médicos tradicionales son estáticos,
fabricados para un tamaño y rigidez específicos. Pero el cuerpo humano es dinámico.
Creces, cambias, te mueves de maneras complejas.
Los stents cardiovasculares con
memoria de forma ya son estándar. Se insertan comprimidos en un catéter delgado
a través de arterias. Al llegar al bloqueo, se calientan con el calor corporal
y se expanden para mantener abierta la arteria. Esto permite cirugía
mínimamente invasiva en lugar de abrir el pecho.
Pero la próxima generación va más
allá. Investigadores del Hospital Infantil de Boston desarrollaron un stent
para tráquea que puede crecer con el niño. Los bebés nacidos con problemas en
la tráquea necesitan stents para respirar, pero tradicionalmente requerían
múltiples cirugías conforme crecían para reemplazar stents que quedaban
pequeños. El nuevo stent usa nitinol programado para expandirse gradualmente a
través de meses. Una sola cirugía en lugar de cinco o seis.
Las prótesis ortopédicas
adaptativas están entrando a ensayos clínicos. Una rodilla protésica
tradicional tiene resistencia fija en las articulaciones. Funciona bien para
caminar plano, pero es subóptima para escaleras, para correr, para sentarse.
Prótesis con materiales magnetorreológicos pueden ajustar su resistencia en
tiempo real según sensores de movimiento. El usuario ni siquiera nota el
ajuste, solo siente que la prótesis responde naturalmente a cualquier
movimiento.
Implantes de columna vertebral
son otro campo prometedor. Las fusiones espinales tradicionales usan hardware
de metal rígido para estabilizar vértebras. Pero esa rigidez extrema causa
problemas en vértebras adyacentes, que tienen que compensar. Implantes con
rigidez programable pueden ser rígidos inmediatamente después de la cirugía
cuando necesitas estabilidad, pero gradualmente ablandarse conforme sana el
hueso, permitiendo rango de movimiento más natural.
Los vendajes inteligentes son más
simples, pero quizás más impactantes por su accesibilidad. Vendajes con
hidrogeles que detectan infección y liberan antibióticos solo cuando es
necesario. Vendajes que se endurecen para proteger una herida cuando detectas
movimiento, pero se ablandan cuando estás en reposo para permitir que la piel
respire. Esto está a años, no décadas, de estar en farmacias.
El desafío con aplicaciones
médicas es el mismo que siempre en medicina: regulación y pruebas clínicas
larguísimas. Un material nuevo necesita demostrar biocompatibilidad,
durabilidad, seguridad en miles de pacientes a través de años antes de la
aprobación. Pero el proceso está avanzando y los primeros productos ya tienen
aprobaciones regulatorias en varios países.
Ropa inteligente: Textiles que
piensan
La industria textil está
adoptando materiales programables más rápido de lo que esperábamos. Tiene
sentido: la ropa ya está en contacto con tu cuerpo, ya se espera que sea
flexible y adaptable. Los materiales programables solo llevan eso al siguiente
nivel.
Los textiles con cambio de fase
térmica ya están comerciales. Usan cápsulas microscópicas de material que se
derrite y solidifica según temperatura. Cuando hace frío, el material está
sólido y las cápsulas liberan calor conforme solidifica, calentándote. Cuando
hace calor, se derrite absorbiendo calor y enfriándote. Es como tener aire
acondicionado y calefacción tejidos directamente en tu chaqueta.
Marcas outdoor como North Face y
Patagonia ya venden chaquetas con esta tecnología. No son baratas, pero
funcionan. Puedes estar cómodo en un rango mucho más amplio de temperaturas con
una sola prenda en lugar de necesitar múltiples capas.
Investigadores del MIT Media Lab
desarrollaron un textil "bio-skin" que responde a tu sudor. Tiene
solapas microscópicas hechas de células bacterianas que se abren cuando
detectan humedad, creando ventilación justo donde la necesitas. Cuando te
secas, las solapas se cierran. Es raro usar bacterias para esto, pero funciona
y es completamente natural y biodegradable.
Nike ha experimentado con zapatos
que ajustan su ajuste automáticamente. El upper usa materiales que se contraen
o expanden con pequeñas corrientes eléctricas. Cuando pones el pie, sensores
detectan la presión y ajustan el material para un ajuste perfecto. Ya no
necesitas cordones. Ya han lanzado versiones comerciales limitadas, aunque con
precios estratosféricos.
La ropa deportiva adaptativa
tiene enorme potencial. Compresión que aumenta durante ejercicio intenso para
soporte muscular, pero se relaja durante descanso. Materiales que se rigidizan
para protección contra impactos en deportes de contacto, pero permanecen
flexibles el resto del tiempo. Esto ya no es ciencia ficción, hay productos en
el mercado.
El siguiente paso es ropa que
responde no solo a condiciones físicas sino a señales biométricas. Imagina una
camiseta que detecta tu ritmo cardíaco y ajusta su ventilación según qué tan
duro estás trabajando. O ropa que detecta marcadores de estrés en tu sudor y
cambia su textura para ser más calmante. Suena invasivo, pero para atletas de
élite o personas con condiciones médicas, sería transformador.
Los desafíos: Durabilidad,
costo y escalabilidad
Todo esto suena increíble, pero
hay razones por las que los materiales programables no han reemplazado
materiales convencionales todavía. Los problemas son principalmente prácticos:
costo, durabilidad y manufactura a escala.
El costo es obvio. Desarrollar un
nuevo material con propiedades programables requiere años de investigación,
pruebas extensivas, equipamiento especializado de manufactura. Todo eso se
refleja en el precio. El nitinol cuesta unas 10 veces más que el acero
inoxidable. Los polímeros con memoria de forma pueden costar 50 veces más que
plásticos convencionales. Para aplicaciones médicas de alto valor, eso es
aceptable. Para productos de consumo masivo, es prohibitivo.
La durabilidad es otro problema.
Muchos materiales programables se degradan con ciclos repetidos de
transformación. Un polímero con memoria de forma puede funcionar perfectamente
las primeras 100 veces que lo activas, pero después de 10,000 ciclos empieza a
perder capacidad de recuperación. Para un dispositivo médico que quizás se usa
unas pocas veces, no importa. Para una bisagra de puerta que se usa 100 veces
al día, es un problema serio.
Los metales con memoria de forma
son más duraderos, pero tienen sus propios límites. El nitinol puede hacer
millones de ciclos, pero solo si las deformaciones son pequeñas. Si lo doblas
demasiado, se degrada rápidamente. Esto limita las aplicaciones.
La manufactura a escala es
complicada. Muchos materiales programables requieren procesamiento preciso de
temperatura, a veces múltiples pasos de tratamiento térmico, a veces campos
magnéticos o eléctricos específicos durante fabricación. Esto es fácil en un
laboratorio haciendo muestras pequeñas. Hacerlo consistentemente en una línea
de producción que escupe miles de unidades por hora es mucho más difícil.
Y luego está el problema del
control. Para que un material programable sea realmente útil, necesitas
controlar cuándo y cómo se transforma. Algunos materiales responden pasivamente
a ambiente, lo cual es elegante pero limitado. Los que necesitan control activo
requieren sensores, actuadores, fuentes de energía. Eso agrega complejidad,
peso, puntos de falla.
La integración con sistemas
existentes también es complicada. Los códigos de construcción, regulaciones
médicas, estándares de manufactura, todos están escritos pensando en materiales
estáticos y predecibles. Certificar un material que cambia sus propiedades es
pesadilla burocrática. Requiere nuevos protocolos de prueba, nuevas
metodologías de validación, nuevo entrenamiento para inspectores y reguladores.
El futuro: Hacia materiales
verdaderamente inteligentes
Los materiales programables que
tenemos hoy son impresionantes, pero relativamente simples. Responden a un
estímulo con una respuesta predeterminada. El verdadero futuro está en
materiales genuinamente inteligentes que pueden procesar información y tomar
"decisiones" complejas.
Investigadores están trabajando
en materiales con computación embebida a nivel molecular. Imagina un material
donde cada molécula es como un transistor diminuto que puede procesar señales.
El material completo funcionaría como una computadora distribuida, capaz de
detectar múltiples condiciones simultáneamente y responder de manera coordinada
y compleja.
Un prototipo temprano de esto son
los "meta-materiales" mecánicos: estructuras con propiedades que
vienen de su geometría interna más que de su química. Puedes diseñar un
meta-material que sea rígido en una dirección, pero flexible en otra, o que
expanda en una dirección cuando lo comprimes en otra, comportamientos
imposibles en materiales convencionales.
Combinando meta-materiales con
actuadores programables, puedes crear estructuras que se reconfiguran de
maneras complejas. Investigadores del MIT construyeron muebles que se
transforman de mesa a silla a estante según necesites. No es mueble modular que
reacomodas manualmente. Es una sola estructura que literalmente cambia de
forma.
La incorporación de IA hará todo
esto más potente. En lugar de programar manualmente cómo debe responder un
material a cada situación, entrenas un modelo de machine learning que aprende
las respuestas óptimas. Un edificio con fachada programable podría aprender a
través de meses qué configuraciones minimizan uso de energía bajo diferentes
condiciones climáticas y ajustarse automáticamente.
Los materiales bio-híbridos son
otra frontera. Incorporando células vivas o componentes biológicos en
materiales sintéticos, puedes crear sistemas que tienen capacidades de
autorreparación mucho más sofisticadas, que crecen y se adaptan orgánicamente.
Suena raro, pero piensa que el hueso es exactamente eso: un material compuesto
que crece, se repara, se fortalece donde necesita ser fuerte y se aligera donde
puede.
Las implicaciones filosóficas:
Redefiniendo "objeto"
Hay algo profundamente extraño en
materiales que cambian su forma y propiedades. Desafía nuestra intuición básica
sobre qué es un objeto. Una silla es una silla porque tiene forma de silla y es
dura donde necesita ser dura. Si el mismo material puede ser silla, mesa, cama
según la programes, ¿qué es realmente?
Los griegos antiguos tenían un
concepto llamado "hylomorfismo": la idea de que los objetos son
combinación de materia (hyle) y forma (morphe). La forma es lo que hace que
algo sea lo que es. La materia programable colapsa esa distinción. La forma ya
no es fija, está incorporada en la materia misma como potencialidad
programable.
Esto tiene implicaciones
prácticas. Si los objetos pueden transformarse, necesitamos menos objetos. Una
prenda de ropa que se adapta a todo clima reemplaza cinco prendas diferentes.
Un mueble transformable reemplaza una sala completa de mobiliario especializado.
Materialmente intensivo arriba, pero reduce consumo total.
También cambia la relación entre
usuario y objeto. Un objeto estático es pasivo, tú lo usas. Un objeto
programable responde a ti, se adapta a tus necesidades. Es casi una relación,
no solo uso. Eso suena exagerado, pero piensa en la diferencia entre usar una
herramienta básica versus una que se ajusta ergonómicamente a tu mano
automáticamente. La segunda siente más como extensión de tu cuerpo que como
objeto externo.
Los desafíos éticos también son
interesantes. ¿Quién controla cómo se transforma el material? Si tu prótesis
puede ajustar sus propiedades, ¿debería poder hacerlo automáticamente o
deberías tener control consciente? Si tu edificio puede reconfigurar su estructura,
¿quién decide? ¿El inquilino? ¿El propietario? ¿Un algoritmo de eficiencia
energética?
Y hay preocupaciones de
seguridad. Un material que puede cambiar sus propiedades puede ser hackeado
potencialmente. Imagina ropa programable que alguien toma control remotamente y
hace que se endurezca alrededor de tu cuerpo. O un implante médico reprogramado
maliciosamente. Conforme más objetos se vuelven inteligentes y conectados,
estos riesgos aumentan.
Conclusión: Viviendo con
materiales que viven
Los materiales programables
representan una de esas transiciones tecnológicas que cambian no solo qué
podemos hacer, sino cómo pensamos sobre el mundo. Durante toda la historia
humana, los objetos han sido estáticos. Los hacíamos para un propósito específico
y permanecían así. Ahora estamos creando materiales que evolucionan, que
responden, que se adaptan.
No estamos todavía en el futuro
de ciencia ficción donde todo es líquido y reconfigurable. Los desafíos de
costo, durabilidad y manufactura son reales. Pero los fundamentos científicos
están sólidos y las primeras aplicaciones ya están funcionando. En medicina, en
ropa de alto rendimiento, en electrónica especializada, los materiales
programables están demostrando su valor.
Lo que viene en los próximos años
es la transición de nicho a común. Conforme los costos bajen y las técnicas de
manufactura mejoren, veremos materiales programables en más productos
cotidianos. Tu celular que puede volverse más o menos flexible según lo
necesites. Zapatos que ajustan su soporte automáticamente según tu pisada.
Ventanas que se oscurecen o aclaran sin electricidad.
Y más adelante, estructuras
verdaderamente adaptativas. Edificios que respiran, que crecen, que se reparan
solos. Infraestructura que evoluciona con las necesidades cambiantes. Productos
que no obsolescen porque pueden transformarse para nuevos usos.
El mundo material está dejando de
ser estático. Los objetos que nos rodean están comenzando a moverse, a cambiar,
a responder. No son vivos en el sentido biológico, pero tampoco son
completamente inertes. Son algo intermedio, algo nuevo. Y eso va a cambiar
profundamente cómo vivimos, trabajamos y nos relacionamos con el mundo físico
que nos rodea.
La materia programable no es el
futuro. Es el presente emergiendo de laboratorios y entrando a nuestras vidas.
Y apenas estamos empezando a imaginar qué haremos con materiales que pueden ser
cualquier cosa que necesitemos que sean.
Francisco Barcala.
Actor. Director. Escritor. Acting Coach.
Instagram:
@culturageneralconBarcala
Facebook:
http://facebook.com/culturageneralparatodos
Blog: http://culturageneralconbarcala.blogspot.com
Comentarios
Publicar un comentario
¿Te gustó el artículo? ¿Hay algo que quisieras agregar? ¡Únete a la conversación!