Los mercenarios más letales de la historia: Cuando la guerra era solo un negocio


La guerra siempre ha sido el negocio más antiguo del mundo. Mientras algunos luchaban por ideales o patria, otros simplemente extendían la mano y preguntaban: ¿Cuánto pagas? Estos soldados de fortuna han existido desde que alguien tuvo la brillante idea de que era mejor pagar a otros para que murieran en tu lugar. Y a lo largo de la historia, algunos de estos mercenarios no solo cambiaron batallas, sino que alteraron el rumbo de imperios enteros.

Los Condottieri: Cuando Italia se convirtió en un mercado de guerreros

Italia durante el Renacimiento era un caos hermoso. Ciudades-estado peleándose por territorios, papas conspirando contra nobles, familias poderosas asesinándose entre sí. Un escenario perfecto para quien quisiera hacer dinero con una espada. Ahí nacieron los condottieri, una palabra que viene de condotta (contrato). Simple: firmabas un papel, recibías oro, matabas a quien te dijeran.

Estos tipos no eran los mercenarios harapientos que uno imagina. Muchos venían de la nobleza italiana o extranjera. Francesco Sforza, por ejemplo, empezó como mercenario y terminó siendo duque de Milán, eliminando de paso a sus propios empleadores, los Visconti. Así funcionaba el negocio: hoy proteges una ciudad, mañana la conquistas si te pagan mejor.

John Hawkwood, un inglés que los italianos conocían como Giovanni Acuto, fue uno de los primeros en profesionalizar esto. Después de pelear en la Guerra de los Cien Años, llegó a Italia en 1360 con su Compañía Blanca. No se andaba con tonterías: si una ciudad no le pagaba, la saqueaba. Si le pagaban, defendía sus murallas como si fueran suyas. Florencia lo contrató tantas veces que cuando murió le hicieron un fresco en la catedral. Claro, pintado, porque una estatua de bronce era muy cara.

Lo interesante de los condottieri es que convertían la guerra en un juego de ajedrez muy caro. No les convenía destruir todo porque eso arruinaba futuros contratos. Así que muchas batallas eran más teatro que matanza. Se cuenta que en una batalla entre Florencia y Pisa apenas murió un soldado, que cayó de su caballo. Eso sí, cobraban igual.

El problema llegó cuando Francia y España metieron sus narices en Italia a finales del siglo XV. Trajeron ejércitos enormes, artillería pesada y arcabuceros. Los condottieri, acostumbrados a sus elegantes cargas de caballería y combates "civilizados", no supieron qué hacer cuando los españoles simplemente los barrían con fuego de mosquete. Para 1550, ya casi no quedaban.

La Guardia Varega: Vikingos protegiendo emperadores bizantinos

Ahora sí que esto suena a ficción, pero es historia pura. Imagina ser el emperador de Bizancio en el año 988 y tener un problema: no puedes confiar en tu propia guardia porque están siempre conspirando para matarte. ¿Solución? Traer a 6,000 vikingos que no hablan tu idioma, no tienen conexiones políticas locales y cuya única lealtad es al oro que les pagas.

Basilio II, emperador bizantino, hizo exactamente eso. Le pidió ayuda a Vladímir I de Kiev, quien le mandó un ejército de varegos (vikingos suecos que andaban por el este de Europa comerciando, saqueando y haciendo lo suyo). A cambio, Vladímir se casó con la hermana del emperador y se convirtió al cristianismo ortodoxo. Todos contentos.

Estos tipos eran brutales. Llevaban hachas de doble filo que podían partir a un hombre con armadura como si fuera leña. Los bizantinos los llamaban "los bárbaros portadores de hachas" y los temían tanto como los admiraban. Un cronista de la época escribió que "atacaban con rabia temeraria y no se preocupaban por la sangre ni por las heridas". Básicamente, entraban en modo berserker y arrasaban con todo.

Harald Hardrada, quien después sería rey de Noruega, sirvió en la Guardia Varega. Acumuló tanta riqueza que cuando volvió a Escandinavia lo llamaban Harald el Despiadado. Murió intentando conquistar Inglaterra en 1066, en la batalla de Stamford Bridge, poniendo fin a la Era Vikinga. Pero la Guardia Varega siguió existiendo.

Lo curioso es que después de 1066, cuando Guillermo el Conquistador invadió Inglaterra, muchos anglosajones que perdieron sus tierras emigraron a Constantinopla y se unieron a la Guardia. Para el siglo XII, la mayoría eran ingleses. Defendieron Constantinopla contra los cruzados en 1204, pero la ciudad cayó de todas formas. Después de eso, la Guardia nunca recuperó su gloria, aunque técnicamente existió hasta el siglo XIV.

Los Gurkhas: Los mercenarios que nunca dejaron de serlo

Aquí hay que andarse con cuidado con las palabras porque llamar "mercenarios" a los gurkhas ofende tanto a ellos como a los británicos. Pero técnicamente, son soldados de un país (Nepal) que pelean por otro (Reino Unido) a cambio de dinero. Si eso no es ser mercenario, está muy cerca.

Todo empezó en 1814 cuando el Imperio Británico decidió expandirse hacia Nepal. Los nepalíes les dieron una paliza tan brutal que los británicos quedaron impresionados. "Si no podemos vencerlos, contratémoslos", pensaron. Y así nació una relación que dura más de 200 años.

Los gurkhas son de diferentes etnias del Himalaya: gurung, magar, rai, limbu. Gente de montaña, dura como piedra. Su arma tradicional es el kukri, un cuchillo curvo que puede decapitar a alguien con un solo golpe. Hay una regla: si un gurkha desenvaina su kukri, tiene que derramar sangre antes de guardarlo, aunque sea la propia.

Pelearon en todas las guerras del Imperio Británico: India, Afganistán, Birmania, ambas guerras mundiales. En la Primera Guerra Mundial murieron 20,000 gurkhas. En la Segunda, otros 30,000. Cuando la India se independizó en 1947, se dividieron los regimientos: seis fueron para India, cuatro para Reino Unido.

En 1982 llegaron a las Malvinas. Los argentinos les tenían un miedo casi supersticioso. Circulaban historias (muchas falsas) de que degollaban prisioneros con sus kukris. Un soldado argentino le contó a Arturo Pérez-Reverte que los gurkhas subían la ladera riéndose, escuchando música en sus Walkmans, como si fueran inmunes a las balas. Parte era propaganda, parte era verdad: estos tipos no se asustaban con nada.

Hoy siguen sirviendo en el ejército británico. Cada año, de 28,000 aspirantes nepalíes, solo 200 son aceptados. Las pruebas son infernales: correr con 25 kilos en la espalda por montañas, combate cuerpo a cuerpo, exámenes de inglés. Ganan menos que un soldado británico regular, lo que ha causado protestas, pero aun así miles quieren entrar. Para una familia nepalí pobre, tener un hijo gurkha es salir de la miseria.

Blackwater y las corporaciones del siglo XXI: La guerra privatizada

Ahora llegamos al presente, donde los mercenarios ya no se llaman mercenarios sino "contratistas militares privados". Suena más elegante, pero la idea es la misma: pagas, ellos matan.

Blackwater (ahora Academi, luego Constellis, cambian de nombre como políticos huyendo de escándalos) fue fundada en 1997 por Erik Prince, ex Navy SEAL. Empezó como un centro de entrenamiento en Carolina del Norte. Después del 11-S, el negocio explotó. Estados Unidos necesitaba soldados para Irak y Afganistán pero no quería mandar más tropas regulares. Solución: contratar privados.

En su mejor momento, Blackwater tenía miles de contratistas en Irak. Ganaban más que un soldado regular (algunos hasta 1,000 dólares al día), no estaban sujetos a la ley marcial militar y operaban en una zona gris legal. Si mataban civiles, ¿quién los juzgaba? Nadie, aparentemente.

El 16 de septiembre de 2007 pasó lo inevitable. Mercenarios de Blackwater escoltando diplomáticos estadounidenses abrieron fuego en la plaza Nisour de Bagdad. Mataron a 17 civiles, incluido un niño de 9 años. Dijeron que respondieron a un ataque. Investigaciones probaron que no hubo tal ataque. Cuatro contratistas fueron condenados años después. Trump los indultó en 2020.

Erik Prince sigue en el negocio. En 2025 anda ofreciendo sus servicios en Ecuador y Perú para "combatir el narco". También intentó vender drones ucranianos y formar un ejército privado para Juan Guaidó en Venezuela. El tipo no para.

Y no es el único. Hay decenas de estas empresas: Triple Canopy, G4S, Wagner Group (la versión rusa, igual de turbia). Operan en África, Medio Oriente, Asia. Protegen pozos petroleros, entrenan ejércitos, escoltan convoyes. Algunos dicen que hacen trabajos que los gobiernos no quieren hacer oficialmente. Otros dicen que son sicarios legalizados.

El problema con los mercenarios: Lealtad comprada se vende fácil

Maquiavelo, que vivió rodeado de condottieri, los odiaba. En "El Príncipe" escribió que los mercenarios son "desunidos, ambiciosos, indisciplinados e infieles". ¿Por qué? Porque su lealtad dura lo que dura el contrato. Hoy pelean contigo, mañana contra ti si alguien les paga más.

César Borgia, hijo del papa Alejandro VI, aprendió esto a las malas. Contrató mercenarios para conquistar territorios. Funcionó hasta que los mercenarios decidieron que era mejor traicionarlo y hacer sus propios negocios. Borgia tuvo que invitarlos a una cena y asesinarlos a todos. Problema resuelto, pero no era sostenible.

Los gurkhas son la excepción rara. Su lealtad es casi fanática. Hay historias de gurkhas defendiendo posiciones hasta el último hombre, rechazando rendirse aunque estuvieran rodeados. Parte es cultural (el honor significa todo para ellos), parte es que los británicos fueron listos: los trataron con respeto, pagaron bien y crearon una tradición. Un gurkha cuyo padre y abuelo sirvieron no va a traicionar fácilmente.

Pero Blackwater y sus clones son otra cosa. No tienen tradición, solo contratos. Y cuando las cosas se ponen feas, desaparecen. En Irak, cuando el gobierno les quitó la licencia después de la masacre de Nisour, simplemente cambiaron de nombre y siguieron operando bajo otra fachada.

¿Por qué los gobiernos siguen contratando mercenarios?

Simple: conveniencia política. Un soldado regular que muere en combate aparece en las noticias, hay funeral con honores, familia llorando, presión pública para terminar la guerra. Un contratista privado que muere no aparece en las estadísticas oficiales. Es un "accidente laboral".

También hay flexibilidad. Si necesitas 500 soldados para proteger una embajada en tres días, no puedes entrenar tropas nuevas. Pero puedes contratar una empresa militar que tiene personal listo. Si la situación se descontrola y hay un escándalo, el gobierno dice "no eran nuestros soldados, eran contratistas privados" y se lava las manos.

El problema ético es enorme. Estas empresas operan fuera del derecho internacional de guerra. Si un soldado regular tortura prisioneros, va a corte marcial. Si un contratista lo hace, ¿quién lo juzga? El país donde ocurrió no tiene jurisdicción, su país de origen tampoco (porque no estaba actuando como ciudadano regular), y la empresa simplemente lo despide.

Naciones Unidas lleva años advirtiendo sobre esto. Un informe reciente señala que empresas como Wagner, Academi y G4S "erosionan la soberanía estatal" y "operan en vacíos legales que facilitan abusos de derechos humanos". Pero mientras haya dinero de por medio, esto no va a cambiar.

El futuro: ¿Más guerra privatizada?

Todo indica que sí. Los ejércitos estatales son caros de mantener. Hay que pagar pensiones, equipar tropas, construir bases. Las empresas militares privadas son más baratas (en teoría) y desechables. Si una misión sale mal, cierras el contrato y listo.

China ya está en el juego. Tiene sus propias empresas de seguridad privada protegiendo inversiones en África. Frontier Services Group, por ejemplo, fue cofundada por el mismísimo Erik Prince en asociación con empresas chinas. El tipo no tiene ideología, solo cuenta bancaria.

En África, estas empresas están por todos lados. Wagner Group (aunque su líder murió en un accidente de avión muy conveniente) controlaba minas de diamantes en República Centroafricana, campos petroleros en Libia, y entrenaba ejércitos en Mali. Todo a cambio de recursos naturales.

América Latina está empezando a ver más actividad. Colombia ya usaba contratistas estadounidenses para fumigar cultivos de coca. Ahora Ecuador y Perú están considerando contratos para "seguridad interna". Traducción: reprimir protestas sociales con mercenarios que no tienen problema en disparar porque no son del país.

¿Esto va a terminar bien? La historia dice que no. Los condottieri eventualmente causaron tanto caos en Italia que las ciudades quedaron indefensas cuando llegaron ejércitos reales. Los varegos se disolvieron cuando Bizancio ya no pudo pagarles. Y Blackwater dejó tal desastre en Irak que el gobierno iraquí los echó del país.

Pero mientras haya guerras, habrá alguien dispuesto a pelear por dinero. Y mientras haya gobiernos que prefieran pagar a otros para que mueran en su lugar, los mercenarios seguirán siendo el negocio más rentable del mundo. Solo que ahora tienen mejores abogados.

 

Francisco Barcala. 

Actor. Director. Escritor. Acting Coach.

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